miércoles, 18 de diciembre de 2013

Nadie es inocente

Música y delito no son necesariamente sinónimos. La reciente muerte de Ronnie Biggs, el integrante más famoso de la banda que perpetró el atraco al tren de Glasgow, permite recordar uno de los capítulos más delirantes de esta simbiosis. Tratándose de delirios no podían faltar, de la otra parte, los Sex Pistols.


Ronnie Biggs, en una playa de Río, en actitud punk.

Ronald Biggs fue uno de los cabecillas del atraco con el mayor botín de la historia: 2,5 millones de libras esterlinas que al cambio actual supondrían más de 45 millones de euros. El pasado agosto se cumplieron 50 años del denominado asalto al tren de Glasgow, cuyo objetivo fue el correo que unía Londres y la capital de Escocia y que viajaba, al cierre del ejercicio en agosto de 1963, con más dinero del previsto. Manipularon las señales para detener el convoy y el único daño personal que se produjo fue un golpe en la cabeza a uno de los maquinistas. Limpio y casi perfecto. Casi, porque sus autores cometieron el error de no destruir el juego de Monopoly utilizado para entretenerse durante la ‘cuarentena’ posterior al robo. El análisis de las huellas permitió identificar y detener a los atracadores. Varias han sido las películas inspiradas en estos hechos. ‘Great Train Robbery’, de 1988, cuenta con la curiosidad de que está protagonizada por el ex batería de Génesis Phil Collins.



Pero la banda del atraco al tren de Glasgow no hubiera necesitado del cine para convertirse en leyenda. Ronnie Biggs acabó alcanzando la celebridad. Logró fugarse poco después de su detención y establecerse en Brasil, tras pasar por el quirófano para hacerse la cirugía estética. Una operación que no hubiera sido necesaria ya que las lagunas legales en materia de extradición entre Inglaterra y el país latinoamericano permitió a Biggs vivir abiertamente en Río de Janeiro durante 31 años sin que las autoridades británicas pudieran hacer nada para detenerle. Gravemente enfermo y abatido, entre otros motivos por el tren de vida que llevó en Brasil, se entregó en 2001, previo acuerdo de exclusividad con el periódico sensacionalista The Sun. Fue condenado a una pena de 30 años pero salió de la cárcel por motivos humanitarios en 2009. Acaba de morir (18 de diciembre de 2013) a los 84 años sin el menor atisbo de arrepentimiento. Como él mismo dijo, era la única manera de encontrar cierta relevancia en la historia.




Cuando en 1974 el Daily Express descubrió el paradero de Biggs en Brasil se montó un escándalo monumental por el hecho de que, pese a todo, se trataba de un fugitivo intocable. Fue el momento de mayor gloria para Biggs que, además, alardeó de ello burlándose del sistema judicial británico siempre que tuvo ocasión. Y una de estas ocasiones se la brindó en bandeja el manager Malcom McLaren, que había hecho de la provocación y de la irreverencia marca de la casa Sex Pistols. Una marca que estaba dispuesto a explotar todo lo posible, pese al pequeño detalle de que los propios Sex Pistols ya ni siquiera existieran. La banda de rock más subversiva y manipulada de la historia ya se había disuelto cuando el mayor ladrón de todos los tiempos se convirtió en su cantante ocasional.

Los Sex Pistols llevaban tanto tiempo inmersos en el caótico rodaje de su película (finalmente sería ‘The Great Rock'n'Roll Swindle’. ‘La gran estafa del rock’n’roll’) que ni siquiera estaba terminada cuando el grupo se separó en enero de 1978. McLaren mantuvo los planes de incluir el cameo del atracador Biggs en el film y viajó a Río de Janeiro en junio con los dos únicos miembros de Sex Pistols dispuestos a seguir, el guitarrista Steve Jones y el batería Paul Cook. Llegaron a Brasil en ese mismo mes y la ausencia de Johnny Rotten en el micrófono fue suplida por el propio Biggs. Entre enero y marzo, rodaron las escenas que acabaron incluyéndose en la película y grabaron dos canciones para la banda sonora. Una de ellas fue ‘No one is inocent’ (‘Nadie es inocente’), toda una declaración de principios, en cuyos créditos figuran Biggs y Jones. El otro corte fue una nueva versión de uno de los pocos temas de Sex Pistols firmados por Sid Vicious, ‘Belsen was a gas’, una polémica canción que el grupo sólo cantaba en directo y que aludía al tema tabú de los campos de concentración nazis.





Ronnie Biggs es el único caso conocido, sin duda el más destacado, de doble ‘militancia’ en dos bandas: una de ladrones y otra de rock. El Dioni no cuenta. Hablamos de bandas, no de solistas.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Mal día para suicidarse

Darby Crash lo tenía todo para ganar el cielo. El cielo de los punks, claro. Da igual. Al fin y al cabo, todos los cielos son iguales. Sólo sirven para que no se olviden de ti cuando estés muerto. Lo único que cambia para llegar a ellos es el método. Darby siguió con devoción todas las estaciones del viacrucis. Una infancia marginal en una familia desestructurada. Una precoz adicción a las drogas, y en especial a la heroína. Una rabia incontenible que explotaba como una bomba sobre un escenario. Un grupo que duró tres años y sólo grabó un disco. Y, fundamental, una muerte prematura. Pero hasta para morir hay que tener suerte. Sobre todo para morir.


Pat Smear y Darby Crash, fundadores de The Germs.

Darby Crash y Pat Smear formaron en 1977 The Germs, una de las primeras bandas de punk de Los Angeles. Se habían conocido en la University High School, donde participaban en un programa especial de estudios del que ambos fueron expulsados. Para entonces Darby ya había pasado por la muerte de un hermano por sobredosis, por el abandono de quién creía su padre (luego resultó ser un marinero sueco) y por la tormentosa relación con una madre con problemas mentales.

Crash como vocalista y Smear con la guitarra, acompañados de otros componentes más o menos ocasionales, comenzaron a fraguarse una ‘reputación’ en la escena musical de Los Angeles gracias a unas actuaciones caóticas y violentas en las que Darby, absolutamente drogado, se revolcaba sobre un mar de botellas rotas y acababa a golpes con el público o con los miembros de la banda.

The Germs grabaron un único disco en 1979, ‘GI’, que produjo Joan Jett y que contiene clásicos del género como ‘Lexicon Devil’, ‘The Other Newest One’, ‘Caught in My Eye’ o ‘Shut Down’. Como suele ocurrir, ha acabado convirtiéndose en álbum de culto y se cita como piedra fundacional de algo, en este caso el hardcore. ¿Hubiera pasado lo mismo sin una muerte de por medio?






Darby Crash tenía sólo 22 años cuando se suicidó con una sobredosis de heroína. Dice la leyenda que dejó escrito en la pared un mensaje inacabado: “Aquí yace Darby Crash…”. Hizo frente al gran dilema de la creación artística en general y del rock en particular: ¿Es mejor apagarse poco a poco o extinguirse de forma súbita? Como muchos otros, eligió lo segundo.
Así es la condición humana. Hasta los movimientos más radicalmente iconoclastas acaban creando sus propios mitos. Darby Crash, cuyo nombre original era Jan Paul Beahm, estaba llamado a ser el Sid Vicious americano, muerto en circunstancias similares sólo un año antes. Pero el fallecimiento de Darby pasó completamente inadvertido. Era el 7 de diciembre de 1980. Al día siguiente, un fan enloquecido cometió el magnicidio musical por excelencia y disparó contra John Lennon a la puerta de su hotel en Nueva York. El ex beatle acaparó todo el morbo necesario para que un músico sea elevado a los altares. Casi nadie recuerda siquiera que Darby fue el primer punk en dejarse la cresta cherokee.


Darby Crash, con la cresta punk que puso de moda.

Pero el paso del tiempo nos ha permitido que la historia de Darby y del supuesto ‘pedigrí’ autodestructivo del punk tenga un epílogo. Lo escribe su gran amigo y cofundador de los Germs Pat Smear. El guitarrista, cuyo nombre real es Georg Ruthenberg, es un superviviente nato. Quizá lo lleve en los genes. Es hijo de un judío alemán y de una afroamericana. Durante los años 80 su carrera fue dando tumbos por varias formaciones. Grabó cuatro discos y en uno de ellos incluyó la última canción escrita por Darby Crash, ‘Golden Boys’, que nunca antes había sonado. Pura emoción. Sólo por eso ambos merecerían no morirse nunca. 



Como el mismo Pat Smear ha reconocido, se encontraba en una situación económica muy penosa cuando en 1993 un fan de los ya viejos Germs (llevaban más de una década disueltos) le telefoneó. Ese fan se llamaba Kurt Cobain y quería ficharlo para las actuaciones en directo de Nirvana. Cuando lo supo el batería de los reyes del grunge, Dave Grohl, preguntó perplejo: “Pero… ¿aún está vivo?”. Precisamente Grohl le sigue manteniendo en la nómina de sus Foo Fighters. Además, desde 2005, ha vuelto a reunir a los Germs con el actor Shane West en el lugar que Darby Crash ocupaba como vocalista. Se trata de la simbiosis más sorprendente entre el rock y el cine que jamás se haya producido. West interpretó a Darby en ‘What We Do Is Secret’, una película de Rodger Grossman basada en la vida del cantante punk.




Así, Pat Smear tuvo que superar la muerte del compañero con el que se inició en la música y la de quien, en cierto modo, lo volvió a recuperar para ella. No será necesario recordar que Kurt Cobain se pegó un tiro en su casa de Seattle en 1994. La última gran inmolación del rock’n’roll. El final de su carta de suicidio es ya muy célebre. “Y recordad que es mejor quemarse que apagarse lentamente”.
Depende de a quién se pregunte.

jueves, 5 de diciembre de 2013

La canción más pornográfica

Hay canciones que se ven superadas por su propia historia. Dentro de esa categoría, el clásico del rock ‘Louie, Louie’ se lleva sin duda la palma. Se trata del tema más versionado de la historia, después de ‘Yesterday’ de los Beatles, con cerca de 1.600 interpretaciones de todos los estilos. También ha sido considerado el primer tema punk, lo cual, teniendo en cuenta que data de mediados de los 50 y se basa en un cha cha cha, tendría mucho mérito. En cualquier caso, respecto a la paternidad del punk hay toda una mitología que por sí sola da para otro artículo. (Tomo nota).


‘Louie, Louie’ fue compuesta por Richard Berry, un cantante afroamericano que militó en varios grupos de rhythm and blues de Los Angeles. Utilizó para ello la base de una canción que casi le obsesionaba desde que la escuchó en 1954: ‘El loco cha cha cha’ del cantante y pianista cubano René Toucet. También se cita como inspiración ‘Havana moon’, publicada por Chuck Berry en 1956, aunque para esa fecha algunas fuentes ya dan por escrita ‘Louie Louie’. Sin embargo, la primera grabación data de 1957 a cargo del sello Flip Records y de los Pharaohs, el grupo de Richard Berry por aquel entonces. La canción, que habla de un marinero jamaicano que cuenta sus penas a un camarero llamado Louie, tuvo cierto éxito en Los Angeles pero sin alcanzar aún las listas nacionales. En ese momento, Berry necesitaba dinero para casarse y vendió a Flip Records los derechos de la canción por 750 dólares. Algo de lo que se arrepentiría, aunque al final de su vida (murió en 1997) logró recuperarlos tras un largo proceso judicial. En cinco años, le reportaron cerca de dos millones de dólares. ¿Cuánto hubiera sido a lo largo de cuatro décadas?



En 1960, Rockin’ Robin Roberts hace la primera versión rock´n’roll de ‘Louie, Louie’, pero con un éxito limitado a la zona noroeste de EEUU en la que fue grabada. Sin embargo, servirá de inspiración para las cientos de bandas de garaje que poco después comenzarían a surgir como setas en todo el país. De hecho, ya en 1963, con sólo una semana de diferencia, dos grupos distintos graban sus correspondientes versiones en el mismo estudio de Portland. Los primeros fueron The Kingsmen que, forzados por un cúmulo de circunstancias, lograron una calidad de sonido tan mala que hace ininteligible buena parte de la letra de la canción. Los segundos, fueron los Raiders de Paul Revere, que lograron el ‘éxito’ y ficharon por Columbia Records. El ‘fracaso’ de los Kingsmen con su versión costó la separación de la banda. La venta de copias no superaba entonces las 600.




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Pero unos meses después, un programa de radio etiqueta la versión de Kingsmen como “la peor canción de la semana” lo que, paradójicamente, provoca que las ventas se disparen hasta el punto de que en enero de 1964 llega al número dos de la lista Billboard, donde se mantiene durante 16 semanas. Con mucha vista, la distribuidora Wand Label ya se había hecho cargo del tema. Los Kingsmen vuelven a publicar ‘Loue Loue’ en 1966 y entran en una de las espirales más surrealistas del mundo de la música, que incluye el caso de que la madre del batería (Lynn Easton) quisiera ocupar el puesto del vocalista (Jack Ely). La mujer quería hacer valer sus derechos ya que el grupo estaba inscrito a su nombre porque los Kingsmen eran entonces menores de edad. Otro de sus miembros, el pianista Don Gallucci acabaría siendo el productor del disco ‘Fun House’ de los Stooges, que, por cierto, también hicieron una de las versiones más célebres de ‘Louie Louie’ y su líder, Iggy Pop, una de las más recientes.


Pero si todo ello ya daba con creces para que la historia desbordara la vieja canción de Richard Berry, aún queda lo mejor. En 1964, el entonces fiscal Robert Kennedy recibe la carta de un padre preocupado por el contenido “obsceno” de la versión de los Kingsmen. La locura se desata y el gobernador de Indiana, Matthew Welsh, prohíbe la emisión del tema en todo su estado. Alegó que era tan pornográfica que “mis orejas se estremecieron”. El asunto llegó a tal extremo que intervino el FBI e inició una investigación que, después de varias semanas, concluyó que era “incapaz de interpretar los términos de la grabación”.


Los Kingsmen. Jack Ely es el segundo por la izquierda. 


La propia web del FBI permite en la actualidad el acceso a un expediente de 119 páginas y explica lo siguiente: “En 1963, un grupo de rock llamado The Kingsmen grabó la canción ‘Louie, Louie’. La popularidad de la canción y la dificultad de discernir las letras llevó a algunos a sospechar que la canción era obscena. Se le pidió al FBI que investigara si los involucrados con la canción violaron las leyes contra la distribución interestatal de material obsceno. La investigación duró de febrero a mayo de 1964 y no descubrió evidencia alguna de obscenidad”. Suficiente para que ‘Louie, Louie’ se convirtiera en el bombazo que ha acabado siendo con más de cuatro millones de singles vendidos, sólo durante el periodo que duró la polémica, y miles de versiones con lo más granado y variado de la historia posterior de la música popular entre sus intérpretes (The Kinks, The Beach Boys, Otis Redding, David Bowie, Ike & Tina Turner, Frank Zappa, Grateful Dead, The Clash, Barry White, The Outcasts, Johnny Thunders…). El cantante Jack Ely, ‘culpable’ de la ilegibilidad de la letra, declaró en su día a la revista Rolling Stone que siempre ha pensado que fue el sello discográfico quien inventó la polémica. Había ya mucho recorrido antes de que Malcom McLaren hiciera de las suyas con los Sex Pistols a mediados de los 70.


Uno de los documentos del expediente 'Louie, Louie' del FBI 

La historia de ‘Louie, Louie’ está considerada una de las leyendas urbanas de la sociedad americana. Así, la web snopes.com, especializada en desentrañar mitos, le ha dedicado un amplio artículo. La conclusión es clara: el hecho de que la letra de la canción resulte incomprensible permitió que la especulación se disparara de forma espontánea o interesada. Todos oyeron lo que, en el fondo, querían oír. Unos para escandalizarse, otros para rebelarse y otros para forrarse. Las deficiencias de la canción grabada por los Kingsmen en 1963 se debieron a múltiples factores. Según este portal, Jack Ely, que por entonces llevaba aparatos en los dientes, tenía la voz cascada después de haber participado en un maratón musical la noche anterior; el único micrófono utilizado estaba colocado de tal forma que obligó a Ely a cantar de puntillas y la grabación se produjo en una única toma que los Kingsmen, que pagaron 52 dólares al estudio, creían que era una prueba. Conclusión: una canción para la historia. De cualquier manera, lo mejor es que cada cual juzgue. Esta es la letra de la polémica canción que Jack Ely cantó como pudo
Louie Louie, oh no / Me tengo que ir / Louie Louie, oh baby / Me tengo que ir / Una muchacha me espera / Cogeré un barco a través del mar / Las velas se despliegan, todo está solo / Nunca sé si llegaré a casa / Tres noches y dos días navegando por el mar / Pensando constantemente en ella / En ese barco, yo sueño que está ahí / Huelo la rosa de su pelo / Veo Jamaica por encima de la luna / No tardaré en ver a mi amor / La tomaré en mis brazos otra vez / Le diré que nunca volveré a dejarla
También es cierto que versiones posteriores, quizá como respuesta, sí incluyen referencias sexuales tan explícitas como ésta: “I fuck my girl all kinds of ways (follo a mi chica de todas las maneras)”. No querías caldo…

viernes, 29 de noviembre de 2013

Todo empezó en el garaje

Qué sería del mundo actual sin los garajes. Sí, ese espacio generalmente adosado a las casas en el que lo mismo cabe un coche que se arrumban los trastos. Los americanos, expertos en sacar oro hasta de debajo de las piedras, los han elevado a la categoría de Patrimonio de la Humanidad. Claro que no todos pueden presumir de garajes como los de Steve Jobs y Bill Gates. Pero los fundadores de Apple y Microsoft no fueron los primeros que encontraron en este reducto marginal el lugar en que hacer realidad unos sueños que iban a cambiar el mundo. Diez años antes, los garajes de todas las zonas residenciales de Norteamérica se habían llenado de música. 


Cartel de garage rock con la imagen de los Sonics
La denominada música de garaje (garage, en inglés), al margen de sus sucesivas revisiones, engloba la sorprendente e inaudita eclosión de bandas que a mediados de los 60 surgió en EEUU. Miles de jóvenes contagiados de una nueva enfermedad llamada rock´n’roll convirtieron las trastiendas de sus propias casas en locales de ensayo. Curiosamente, el rock de garaje es la ‘respuesta’ americana a la explosión que supusieron los Beatles y el resto de grupos británicos que aprovecharon la estela del monumental éxito comercial de éstos para crear en torno a la música un negocio de proporciones hasta entonces desconocidas. Una respuesta, en cualquier caso, espontánea y sin consciencia de sí misma, cuyo verdadero alcance sólo pudo calibrarse una vez desparecida. Como ocurre en el universo, el brillo de aquellas estrellas sólo fue reconocido cuando ya habían muerto. Una generación espontánea, sí, pero también primitiva, ya que la ausencia de pericia musical se suplía con pura energía que devolvía al rock a los fundamentos de sus orígenes. Al fin y al cabo, se trataba de un viaje de vuelta que se había iniciado en los campos de algodón americanos y que, de nuevo, volvería a rebotar en el frontón del otro lado del Atlántico a mediados de los 70 con el punk. No en vano, la primera vez que se aplicó el calificativo de punk (malo) a la música fue para los grupos del garaje americano de los años 60 por su bisoñez amateur. Pero, como suele ocurrir, ello le dio una frescura inaudita que anticipó en una década la actitud de que cualquiera podía montar una banda que grupos como los Ramones convertirían después en seña de identidad. Espontáneos, primitivos y fugaces. Estrictamente, el periodo que comprende este movimiento va desde 1963 a 1968. En esos cinco años, sólo unos pocos, como Shadows of Knight, The Count Five, The Seeds, The Leaves o The Standells, obtuvieron algo de éxito comercial. La inmensa mayoría sólo grabaron singles aislados, con tiradas muy escasas y una distribución mínima circunscrita a su área geográfica más cercana.






Su repentina desaparición también da señas de su carácter. A partir de 1968 se da por finiquitado el movimiento original del garaje rock por tres motivos fundamentales. El primero, el puro paso del tiempo y el hecho de que los componentes de los grupos, que no se planteaban la música como una dedicación profesional, ‘asentaban la cabeza’ y ya sólo abrían los garajes para meter el coche. El segundo, el surgimiento de otras tendencias, como la psicodelia o el rock progresivo, que exigían un virtuosismo ajeno al garaje. Y tercero, el reclutamiento militar obligatorio, en plena guerra de Vietnam, que acabó con muchas bandas. 


Portada del recopilatorio 'Nuggets', de 1972.
Quizá el rock de garaje hubiera quedado para siempre entre los trastos viejos si en 1972 no se hubiera editado ‘Nuggets, un recopilatorio de dos discos que recogía el trabajo de más de una veintena de grupos entre los años 1965 y 1968. Sus artífices fueron Jac Holzman, fundador de Elektra Records, y Lenny Kaye, que luego sería guitarrista de Patti Smith. Apenas tuvo repercusión tras su lanzamiento, pero dos años después se convirtió en el álbum de cabecera de la nueva explosión musical encarnada en el punk. En ‘Nuggets’, grupos como The Electric Prunes, The Chocolates Watchband, The Sonics o The 13th Floor Elevators mostraron con la crudeza de sus propuestas el camino de los nuevos profetas que abogaban por la vuelta del rock a sus orígenes.






A partir de entonces, no han ido faltando motivos de reivindicación de aquel sonido que se ha extendido fuera de su marco geográfico inicial a todos los puntos del orbe. Algunos grupos, como es el caso de los Sonics, que grabaron dos discos fundamentales entre 1965 y 1966 (‘Here Are the Sonics’ y ‘Boom’), han podido incluso disfrutar de sucesivas giras de reunificación en las que han cosechado un reconocimiento del que no gozaron en su momento. A veces, se hace un poco de justicia. Bandas que han llegado a alcanzar fama mundial como The Strokes o White Stripes iniciaron sus carreras dentro de la escena del revival garajero de turno.



Otro gran difusor de la música de garaje ha sido Steven van Zandt, guitarrista de Bruce Springsteen (y uno de los protagonistas de la mítica serie Los Soprano, en la que interpretaba e Silvio Dante). Se convirtió en portavoz y defensor del rock de garaje promoviendo conciertos y festivales por todo Estados Unidos. En el año 2002 creó un programa de radio llamado Little Steven's Underground Garage y el canal Underground Garage en la red de radio por satélite Sirius Satellite Radio. Para Van Zandt tres son los hitos de la historia del rock: "Los grupos que han inspirado a Los Ramones, los Ramones y los inspirados por Los Ramones”. Una interpretación demasiado básica, pero tremendamente certera.

Y pensar que todo empezó en un garaje...

viernes, 22 de noviembre de 2013

Link Wray sigue retumbando

De no ser por él, Pete Townshend, de los Who, nunca hubiera cogido una guitarra. Pero ni siquiera eso evitó que tuviera que tocar de espaldas al público para no restar protagonismo a un cantante. Otro de los grandes, Jimmy Page, escogió 'Rumble' como su tema fundamental en un documental de 2008 ('It Migth Get Loud'). Su autor había muerto tres años antes 'exiliado' a miles de kilómetros de su tierra natal. Posiblemente el nombre de Link Wray no les diga demasiado pero se trata del guitarrista que introdujo innovaciones sin las cuales el desarrollo posterior del rock hubiera sido imposible. 


Link Wray, en una imagen de sus últimos años sobre los escenarios.

Hasta mediados de los años 50, la distorsión y efectos similares, que han hecho de la guitarra eléctrica la estrella de la música popular del último siglo, eran considerados un fallo que había que eliminar de inmediato. Link Wray, junto con otros pioneros como Willie Kizar o Chet Atkins, comenzaron a usar la saturación a conciencia. Wray perforó los altavoces de su amplificador con un lápiz para obtener distorsión. Con ese método grabó en 1958 'Rumble', que se convirtió en un modelo por su corrosivo sonido. Además, Link Wray es el inventor del 'power chord' (acorde de potencia), sin el que el hard rock o el punk nunca hubieran existido. 'Rumble', además de influencia reconocida por músicos como Jimi Hendrix, Neil Young, Jeff Beck o Marc Bolan, fue un éxito, a lo que contribuyó el hecho de que fuera censurada en algunas emisoras de radio por incitar a la violencia. Cabe reseñar que se trata de una canción instrumental, es decir, que no tiene letra. Bob Dylan llegó a decir de ella que es el mejor instrumental jamás compuesto. El redescubrimiento del tema a lo largo de los años ha sido posible gracias a su uso recurrente en el cine (ej: Pulp Fiction) o en series de éxito como Los Soprano.  







Link Wray nació en 1929 en el estado norteamericano de Carolina del Norte. Hijo de madre india, orientó su carrera musical hacia la guitarra después de que en la guerra de Corea padeciera una tuberculosis por la que tuvieron que extirparle un pulmón. Nunca podría volver a cantar. Después de sus primeros éxitos, la carrera de Wray estuvo seguida de períodos de retiro y de momentos de renovada popularidad, especialmente en Europa. Su actitud alejada del boato del negocio de la música, le llevó a realizar muchas de sus grabaciones en un estudio propio de tres pistas que montó en la granja de pollos de su familia. Así, y con  múltiples formaciones, llegó a editar casi una treintena de sigles y 19 LPs entre 1960 y 2000. Sin embargo, nunca logró las mieles del éxito comercial. Como escribiera Pablo Gil en el obituario que publicó en El Mundo con motivo de su muerte, "Wray no recibiría nunca el reconocimiento popular que los especialistas de cada generación le tributaban. Así, su carrera se mantuvo activa por medio de decenas de sobrenombres y grabando para sellos de todo pelaje, pero nunca salió de ese submundo del estrellato de culto". 





A finales de los años 70 se sumó a Robert Gordon, con el que actuaba de espaldas al público para no restarle protagonismo. En los 80 se casó con una danesa que estudiaba cultura americana nativa en Estados Unidos y se mudó a Copenhague, ciudad que sólo abandonaría esporádicamente para actuar cuando la inclusión de sus canciones en la banda sonora de turno le rescataba del anonimato. Link Wray murió en Dinamarca el 5 de noviembre de 2005, a los 76 años de edad, de una dolencia cardíaca. Pese a todo, su corazón sigue retumbando.       
  

jueves, 14 de noviembre de 2013

Brian Eno, el ateo evangélico

Aquellos locos tiempos del glam-rock. Brian Eno, primero por la izquierda, con Roxy Music al completo. El otro Bryan, Ferry de apellido, como buen líder, en el centro.
No es uno de los nombres más conocidos de la música pese a que una de sus composiciones es la pieza que más se escucha cada día en el mundo: la sintonía que acompaña a cada inicio del sistema operativo Windows. Mientras la mayoría de los artistas más influyentes de nuestro tiempo crean en torno a sus obras un ‘planeta’, Brian Eno ha constituido toda una ‘constelación’. Una infinidad de mundos dispares que en otras manos hubieran perecido bajo el peso de la contradicción. Del punk más nihilista al chil-out más reconfortante. Del glam más alocado al minimalismo electrónico más básico. Una gama infinita de colores en una paleta que ha contribuido a pintar el cuadro musical de los últimos 40 años. 
Eno, con poco más de 20 años,...
... y, ahora, con 65 cumplidos.
Brian Peter George St. John le Baptiste de la Salle Eno nació en mayo de 1948 en una pequeña ciudad de la costa este inglesa, donde, pese a su aristocrático nombre, su padre era un simple cartero. Este fue uno de los dos hechos que marcaron su futuro. Se juró que nunca tendría un oficio convencional después de ver cómo su progenitor apenas era capaz de cenar cuando llegaba a casa agotado del trabajo. La otra circunstancia que marcó su vida fue el encuentro fortuito con un amigo en un vagón del metro de Londres.  Andy Mckay tocaba el saxofón en un grupo y le contó que estaban locos buscando a alguien que supiera manejar un sintetizador que habían adquirido para incorporar el sonido electrónico a la banda. Eno, que por entonces ya experimentaba con ese nuevo instrumento para sus instalaciones artísticas, se ofreció a ayudarles. La banda resultó ser Roxy Music, liderada por un guaperas también llamado Bryan, Ferry de apellido. Eno participó en los dos primeros discos que Roxy Music grabó entre 1972 y 1973 ('Roxy Music' y 'Under Pleasure'). Todo fue bien mientras Brian Eno sólo intervenía en las sesiones de estudio, pero cuando se incorporó al escenario y resultó ser el más sofisticado, tanto musical como estilísticamente, Bryan Ferry lo echó. “Este grupo de glam no es lo suficientemente grande para dos Brian”. La licencia dramática puede que no se aleje en exceso de la realidad. El propio Eno, que tras su salida de Roxy Music inició una fructífera carrera musical en solitario, reconoce que si aquel día no se hubiera encontrando con el saxofonista Andy Mackay en el metro, ahora, probablemente, sería profesor de arte. El azar, siempre el dichoso azar.


Brian Eno se ha adelantado tanto a su tiempo que, por ejemplo, inventó el post-punk antes de que el propio punk explotara. Basta con escuchar  el tema ‘Third Uncle’, de su segundo disco en solitario, para aseverarlo. Esta canción se grabó en 1974, cuando los Sex Pistols ni siquiera se llamaban Sex Pistols, y tres años antes de que David Bowie iniciara la trilogía de Berlín, a la que se atribuye el origen de la new-wave. No es casual, por cierto, que Eno participara en estos tres discos fundamentales de la carrera de Bowie como coautor de muchos de los temas, entre ellos ‘Heroes’ (1977), uno de los más grandes de la música de todos los tiempos. Quizá también tenga la culpa de ello la guitarra de Robert Fripp. Es difícil encontrar tanto genio en poco más de  seis minutos.  


Tres genios reunidos. Eno, a los mandos, Bowie y Fripp, durante la grabación de 'Heroes'.



Los primeros álbumes en solitario de Brian Eno son un prodigio de talento que llevaron la experimentación en el rock hasta sus límites: ‘Here Comes de Warm Jets’ (1974), ‘Taking Tiger Mountain’ (1974), 'Another Green World’ (1975) y ‘Before and After the Science’ (1977). En 1976 forma ‘801’ con Phil Manzanera, guitarrista de Roxy Music y de los primeros trabajos en solitario de Eno. Grabaron un único disco de estudio, ‘Listen Now’ (1977). En ese mismo año inició con ‘Discreet Music’ otra línea que acabó dando nombre a un nuevo estilo de música de  vanguardia con las sucesivas entregas de ‘Ambient’. Hasta el momento, Brian Eno ha firmado 17 álbumes en solitario, ocho para instalaciones y 25 colaboraciones con, entre otros, Robert Fripp, John Cale, Nico, Kevin Ayers, Cluster o David Byrne. 







A partir de 1973 también inició su trabajo como productor, la otra faceta en la que Eno ha brillado con luz propia. Ha producido buena parte de los trabajos de U2 y ha prestado su impronta a artistas tan dispares como John Cale, Devo, Ultravox, Talking Heads, Penguin Cafe Orchestra o Coldplay. 


Cocinando con U2 uno de sus discos, en una fotografía de Anton Corbijn.

En esta faceta también destaca, además de como productor, como promotor de ‘No New York’, la compilación de 1978 que dio origen al movimiento no wave, un corto pero intenso canto de cisne del punk más extremo que contaba con los Teenage Jesus and the Jerks de Lydia Lunch,  los Contortions o los primeros Sonic Youth entre sus integrantes. En ese mismo año, Brian Eno editaba su primer número de ‘Ambient’ bajo el revelador subtítulo de ‘Music for Airports’ (Música para aeropuertos). 

Un contraste que sólo puede permitirse alguien que se define a sí mismo como un ‘ateo evangélico’.     





viernes, 8 de noviembre de 2013

Nadie como Robert Pollard

La vida está llena de cosas incomprensibles. ¿Cómo volvieron de la Luna los tripulantes del Apolo 11? ¿Por qué sigue habiendo hambre en el mundo? ¿Por qué no se cae la torre de Pisa? En el universo de la música, la paradoja más sorprendente es la de Robert Pollard (Dayton, 1957): ¿Cómo es posible que un genio tan inconmensurable siga siendo un completo desconocido? Lo cual nos lleva a otra gran duda: ¿Cómo se mide el talento?


Podría pensarse que, en cuestión de gustos, todo es subjetivo, pero en este caso hay un hecho objetivo incuestionable: Robert Pollard es, con diferencia, el compositor más prolífico de la historia. Sólo por eso, ya debería figurar, al menos, en el Guinness de los récords. Según sus propios cálculos, ha escrito alrededor de 5.000 canciones,  de las cuales más de  1.600 han sido registradas de forma oficial. Puede que estas cifras no nos digan nada a los profanos de la composición musical, pero si las comparamos con gigantes de la talla de Bob Dylan o Paul McCartney, podremos hacernos una idea del torrente creador de Pollard. 

La web ‘Who’s dated who’ ofrece la listas de todas las canciones de los principales artistas. Pollard no figura entre ellos, pese a haber registrado 100 piezas más que Dylan, al que se le atribuyen 1.486, y mil más que MacCartney (599).  Lennon, el que para Robert Pollard es el mejor compositor de todos los tiempos, contabiliza 422. La revista ‘Paste’ elaboró un elenco con los 100 mayores autores vivos. La encabezaba, de nuevo, Bob Dylan, y le seguían Neil Young, Bruce Springsteen, Tom Waits y Paul McCartney. Pollard aparecía en el número 78.


Sin embargo, en tres décadas de frenesí musical, Robert Pollard ha editado 90 discos, 20 de ellos con su grupo más conocido, Guided By Voices, y 32 en solitario. Además, el tercio restante de este trabajo lo ha realizado con hasta 15 formaciones en las que ha ido alternándose de forma simultánea (Circus Devils, Boston Spaceship, Acid Ranch, Airport 5, Go Back Snowball, Hazzard Hotrods, Howling Wolf Orchestra, Keene Brothers, Laxo and the Leapers, Lifeguards, The Moping Swans, Nightwalker, Phantom Tollbooth, Psyco and the Birds, The Takeovers). Frank Zappa, otro genio incontenible, llegó a editar 80 discos entre 1966 y 1994. Los Rolling Stones, la banda más longeva del rock, ha publicado un total de 28 álbumes desde los primeros 60 hasta hoy. Así pues, el caso de Robert Pollard supera toda medida.

Tal es así, que resulta casi imposible seguir los pasos de su enorme estela creativa, a la que también hay que sumar su faceta como autor de poemas y de colages, muchos de los cuales forman parte de las portadas de sus discos. Una estela que, en lugar de apagarse con el paso de los años, parece ir en aumento. Sólo en este año, Pollard ha sacado un LP con Guided by Voices (el año pasado fueron tres y ya tiene otro listo para 2014), dos en solitario y otros dos con Circus Devils, su proyecto más experimental. Cinco en un año, como los Rolling Stones cuando en 1965 ya habían demostrado que eran un gran negocio con la venta de más de un millón de discos.







Pero la cantidad y la calidad no siempre van unidos, y en música, menos. Con que Lou Reed sólo hubiera hecho ‘Walk on the wildside’ ya se habría consagrado. Pero la producción de grandes temas es tan sorprendente en Robert Pollard como su capacidad creativa. Él mismo ha llegado a decir que un millar de sus 5.000 canciones son buenas. Vanidad al margen, lo cierto es que resulta difícil encontrar un artista, vivo o muerto, que atesore entre sus composiciones tal cantidad de ‘grandes éxitos’ que, por descontado, nunca llegaron a serlo. Una opinión que también sostienen algunos creadores de reconocida valía, como el director de cine Steven Soderbergh, que eligió a Pollard para la banda sonora de su película ‘Bubble’. Otros van más alla y sorprenden con declaraciones como la de Jay Carney, el responsable de prensa de la Casa Blanca, que, en una comparecencia para anunciar la visita de Obama a Dayton, recordó que ésta es la ciudad natal de Guided by Voices, “la  banda de rock’n’roll más grande de la era moderna”. 






   
Aparte de gustos, la forma en que el negocio ha tratado a este músico norteamericano que acaba de cumplir 56 años, es absolutamente reveladora. Sus cuatro primeros discos con Guided by Voices fueron autoediciones costeadas por el propio grupo. Vendieron cada uno de ellos entre 300 y 1.000 copias. Sólo a partir de ‘Propeller’ (1992), Robert Pollar pudo dejar de ejercer como profesor de Primaria para dedicarse de lleno a la música. A partir de ahí, se ha fraguado un gran prestigio, pero siempre dentro del círculo del rock independiente. Un premio muy tacaño que en modo alguno hace justicia a su talento. Fuera de los EEUU, apenas se le conoce y siempre dentro de los circuitos musicales. Sirva sólo como referencia que su cuenta de Twitter suma 5.801 seguidores frente a los más de 40 millones de estrellas como Lady Gaga.

No se sabe si su falta de éxito comercial y mediático ha sido la causa de su actitud ante el negocio o si su desdén hacia la industria le ha llevado a no ser la estrella que por derecho le corresponde. No importa. El resultado es el mismo. Un artista únicamente interesado por seguir explorando su inmenso talento. Así lo reveló en una entrevista publicada hace 8 años en la revista Magnet: “No entiendo cómo la gente pierde la ambición de escribir buenas canciones. Creo que queda atrapada en la industria y pierden el deseo. Eso es lo que pasó con R.E.M. Pero eso nunca me va a pasar a mí”. Hasta ahora, no le ha pasado.




Curiosamente, el medio que casi ha acabado con la industria musical, internet, ha supuesto un balón de oxígeno para Robert Pollard y muchos artistas  ninguneados por el negocio. Ha permitido a miles de nuevos seguidores un acceso a la ingente obra de Pollard que antes de la revolución digital hubiera sido imposible. No es una venganza, pero lo parece.        

McCartney es un merecido lord y atesora una de las mayores fortunas del Reino Unido. Nada puede reprocharse a los méritos de quien, entre otras cosas, compuso ‘Yesterday’, la canción más versionada de la historia, pero la desproporción entre el trato que unos y otros han recibido sale de ojo. Eso si comparamos entre  genios, porque si comparamos con la horda de don nadies que pueblan las listas de éxitos, la sorpresa se convierte en mayúscula indignación. Todo ello lleva a una última reflexión: ¿Cuántos Robert Pollard se han quedado en el cajón? ¿Cuántos se seguirán quedando sin que lleguemos jamás a conocerlos?

Robert Pollard al menos ha conseguido que el grupo Big Dipper le haya dedicado una canción. La estrofa final del tema viene a decir lo siguiente:

Escucha Paul McCartney

Escucha, Brian Wilson

Escucha, Jaggers/Richards

Escucha, Raymond Davies

Escucha, Randy Newman

Escucha, Colin Newman

Escucha, Gary Waleik

Nadie como Robert Pollard






lunes, 28 de octubre de 2013

El músico que no sabía música


Lou Reed acaba de morir. Los homenajes y reconocimientos se suceden. No es para menos. El fundador de Velvet Underground es uno de  los músicos más influyentes de los últimos 50 años. Pero, como todo lo que entra a formar parte del sistema, ha tenido que pagar un precio. El más habitual es el de contradecirse. Nos pasa a todos. Lou Reed, pese ser un mito viviente, no iba a ser una excepción. Pero, como ocurre con su música, hasta sus contradicciones nos conmueven. Es la principal diferencia entre los genios y el resto de los mortales. La otra opción era el silencio. La peor para cualquier artista. Mortal para un músico.





-Ha muerto Lou Reed.
-¿Quién?
- Lou Reed. El de la canción del anuncio de dentífrico.
Esta conversación se repetirá infinidad de veces estos días. Lou Reed era casi un completo desconocido en los EEUU y fue en Europa donde cimentó un prestigio indiscutible. Las versiones digitales de los principales medios españoles abrían con la noticia de su muerte mientras The New York Times, el periódico de la ciudad a la que Reed dedicó buena parte de su obra y de su vida, apenas lo resaltaba en un espacio secundario. Una gota más a añadir a ese sambenito de malditismo que nos gusta tanto colgar a nuestros ídolos más queridos. Malditismo y transgresión, las dos palabras clave para entrar en el cielo de los mitos. Sin embargo, sólo una de sus canciones, la maravillosa 'Walk on the wild side', alcanzó la celebridad merecida. Un paseo por las drogas, la transexualidad, la prostitución masculina y el sexo oral. ¿Gracias a qué triunfó? Gracias a un anuncio de pasta de dientes. "Tu, turú, turú, tuturutú, turú, turú, tuturutú...". No se me ocurre una cosa más maldita y transgresora que la salud bucodental.

No fue el único spot publicitario que utilizó este tema. Honda también lo usó para su Scooter, con la participación del propio Reed.



-Ha muerto Lou Reed. -¿Quién? - Lou Reed. El que se chutaba en los conciertos. Esta es otra de las razones por las que Lou Reed se convirtió en en una estrella en los descerebrados 70 y 80. Era puro teatro. Pero sí es cierto que uno de sus temas más conocidos, 'Heroin', es el panegírico de un yonki a una droga que acabó escribiendo el obituario de miles de jóvenes. El "padre de todos los vicios", como se le llegó a llamar, el trovador de todos los excesos, cambió radicalmente en los 90. España era entonces un país en el que aún se fumaba hasta en la consulta del médico, pero en el concierto que Reed ofreció en el Palacio de Congresos de Madrid, en 1992, se prohibió fumar por expreso deseo del artista. Quizá gracias a ello, hemos podido disfrutar de él hasta ahora. Calculen si compensa.  

 -Ha muerto Lou Reed. -¿Quién? - Lou Reed. El que revolucionó la escena musical en 1975 con su disco 'Metal Machine Music'.       Lou Reed grabó este trabajo en 24 horas con guitarras desafinadas y material técnico de desecho. Es una sucesión de ruidos, acoples y distorsiones insoportable hasta para los más forofos. Dice la mitología generada al respecto que fue una venganza contra la discográfica RCA, que le exigía por contrato un nuevo LP. Lou Reed lo ha negado siempre. Lo cierto es que RCA sólo editó 1.500 copias y muchas de ellas fueron devueltas por creerlas defectuosas. Hoy día, valen una fortuna y 'Metal Machine Music' es la principal influencia del movimiento noise, que tuvo su máxima expresión en bandas como Sonic Youth.


Lou Reed es, en definitiva, uno de los músicos más grandes de la historia pero, como él mismo reconocía, nunca supo leer música. ¿Otra contradicción?      

lunes, 14 de octubre de 2013

No quiero ser tu perro

James Newell Osterberg no es un tipo cualquiera. Empezando por su nombre, por el que casi nadie lo conoce. Su pseudónimo es otra cosa. Es la combinación de dos palabras que resultarían ridículas si no nos hubiéramos acostumbrado tanto a ellas. Le ha costado lo suyo. Ha estado a punto de perder la vida en múltiples ocasiones. Pero, al final, James Newell Osterberg ha acabado siendo suplantado por su personaje: Iggy Pop. Sí, un nombre estúpido tras el que se esconde uno de los artistas más influyentes de la música popular de nuestro tiempo. La Iguana. Basta con verle desnudo, cosa no muy difícil en cualquiera de sus conciertos, para comprender el apodo que, incluso hoy a sus 66 años, le sigue haciendo justicia.


Iggy Pop y sus Stooges son padres de varias cosas. Del punk, sin ir más lejos. Ellos mantuvieron intacta la esencia del rock como fuente de energía para que los jóvenes nihilista que recibían la llamada de Londres la recuperaran a mediados de los 70. Basta escuchar 'Search and Destroy', primer tema de su tercer álbum, Raw Power, para acreditarlo. 




Pero cuatro años antes, en 1969, cuando las flores aún dominaban la escena musical, ya habían editado un primer disco, titulado 'The Stooges', que incluía varias bofetadas como 'I wanna be your dog' o 'No fun'. Si añadimos el LP 'Fun house' (1970) tendremos los tres trabajos que realizó la banda antes de desaparecer como una estrella cuyo destello sólo nos llega después de muerta. Tres obras  fundamentales para el desarrollo posterior de la música rock.A la disolución del grupo, Iggy Pop inició una irregular carrera en solitario con escarceos que pretendían huir del primitivismo salvaje de los orígenes, Pero Ostemberg ya había sido poseído por completo. Era imposible desprenderse de Iggy. Todos querían ver al personaje que en el escenario se transformaba en una bestia autodestructiva y en un mesías que camina sobre las aguas de un público enfervorecido. 
A lo largo de 18 discos, el último de 2012, hay de todo, pero tampoco era para responder como lo hizo el cantante de Joy Division, Ian Curtis, que se suicidó en su casa de Manchester después de haber escuchado su primer trabajo en solitario, 'The Idiot' (también había visto la película Stroszek, de Werner Herzog). 'American Caesar' (1993) supuso un hito para su recuperación del olvido en plena efervescencia del grunge, que tanto le debía. Otro, por lo inaudito en su obra, es 'Preliminaires' (2009), donde canta en francés al estilo de Yves Montand. Algo a lo que parece haber cogido gusto ya que repite en su último trabajo ('Après'), en el que se atreve con Edith Piaf y hasta con Frank Sinatra. 
Al final, el grunge, el punk y todos los movimientos que contribuyó a crear han muerto y, contra todo pronóstico, Iggy Pop sigue vivo. Quizá el secreto está en no ser el perro de nadie, pese a haber pregonado que quería serlo de todos.