No quiero ser tu perro
James Newell Osterberg no es un tipo cualquiera. Empezando por su nombre, por el que casi nadie lo conoce. Su pseudónimo es otra cosa. Es la combinación de dos palabras que resultarían ridículas si no nos hubiéramos acostumbrado tanto a ellas. Le ha costado lo suyo. Ha estado a punto de perder la vida en múltiples ocasiones. Pero, al final, James Newell Osterberg ha acabado siendo suplantado por su personaje: Iggy Pop. Sí, un nombre estúpido tras el que se esconde uno de los artistas más influyentes de la música popular de nuestro tiempo. La Iguana. Basta con verle desnudo, cosa no muy difícil en cualquiera de sus conciertos, para comprender el apodo que, incluso hoy a sus 66 años, le sigue haciendo justicia.

Iggy Pop y sus Stooges son padres de varias cosas. Del punk, sin ir más lejos. Ellos mantuvieron intacta la esencia del rock como fuente de energía para que los jóvenes nihilista que recibían la llamada de Londres la recuperaran a mediados de los 70. Basta escuchar 'Search and Destroy', primer tema de su tercer álbum, Raw Power, para acreditarlo.
Pero cuatro años antes, en 1969, cuando las flores aún dominaban la escena musical, ya habían editado un primer disco, titulado 'The Stooges', que incluía varias bofetadas como 'I wanna be your dog' o 'No fun'. Si añadimos el LP 'Fun house' (1970) tendremos los tres trabajos que realizó la banda antes de desaparecer como una estrella cuyo destello sólo nos llega después de muerta. Tres obras fundamentales para el desarrollo posterior de la música rock.A la disolución del grupo, Iggy Pop inició una irregular carrera en solitario con escarceos que pretendían huir del primitivismo salvaje de los orígenes, Pero Ostemberg ya había sido poseído por completo. Era imposible desprenderse de Iggy. Todos querían ver al personaje que en el escenario se transformaba en una bestia autodestructiva y en un mesías que camina sobre las aguas de un público enfervorecido.

A lo largo de 18 discos, el último de 2012, hay de todo, pero tampoco era para responder como lo hizo el cantante de Joy Division, Ian Curtis, que se suicidó en su casa de Manchester después de haber escuchado su primer trabajo en solitario, 'The Idiot' (también había visto la película Stroszek, de Werner Herzog). 'American Caesar' (1993) supuso un hito para su recuperación del olvido en plena efervescencia del grunge, que tanto le debía. Otro, por lo inaudito en su obra, es 'Preliminaires' (2009), donde canta en francés al estilo de Yves Montand. Algo a lo que parece haber cogido gusto ya que repite en su último trabajo ('Après'), en el que se atreve con Edith Piaf y hasta con Frank Sinatra.
Al final, el grunge, el punk y todos los movimientos que contribuyó a crear han muerto y, contra todo pronóstico, Iggy Pop sigue vivo. Quizá el secreto está en no ser el perro de nadie, pese a haber pregonado que quería serlo de todos.
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