miércoles, 18 de diciembre de 2013

Nadie es inocente

Música y delito no son necesariamente sinónimos. La reciente muerte de Ronnie Biggs, el integrante más famoso de la banda que perpetró el atraco al tren de Glasgow, permite recordar uno de los capítulos más delirantes de esta simbiosis. Tratándose de delirios no podían faltar, de la otra parte, los Sex Pistols.


Ronnie Biggs, en una playa de Río, en actitud punk.

Ronald Biggs fue uno de los cabecillas del atraco con el mayor botín de la historia: 2,5 millones de libras esterlinas que al cambio actual supondrían más de 45 millones de euros. El pasado agosto se cumplieron 50 años del denominado asalto al tren de Glasgow, cuyo objetivo fue el correo que unía Londres y la capital de Escocia y que viajaba, al cierre del ejercicio en agosto de 1963, con más dinero del previsto. Manipularon las señales para detener el convoy y el único daño personal que se produjo fue un golpe en la cabeza a uno de los maquinistas. Limpio y casi perfecto. Casi, porque sus autores cometieron el error de no destruir el juego de Monopoly utilizado para entretenerse durante la ‘cuarentena’ posterior al robo. El análisis de las huellas permitió identificar y detener a los atracadores. Varias han sido las películas inspiradas en estos hechos. ‘Great Train Robbery’, de 1988, cuenta con la curiosidad de que está protagonizada por el ex batería de Génesis Phil Collins.



Pero la banda del atraco al tren de Glasgow no hubiera necesitado del cine para convertirse en leyenda. Ronnie Biggs acabó alcanzando la celebridad. Logró fugarse poco después de su detención y establecerse en Brasil, tras pasar por el quirófano para hacerse la cirugía estética. Una operación que no hubiera sido necesaria ya que las lagunas legales en materia de extradición entre Inglaterra y el país latinoamericano permitió a Biggs vivir abiertamente en Río de Janeiro durante 31 años sin que las autoridades británicas pudieran hacer nada para detenerle. Gravemente enfermo y abatido, entre otros motivos por el tren de vida que llevó en Brasil, se entregó en 2001, previo acuerdo de exclusividad con el periódico sensacionalista The Sun. Fue condenado a una pena de 30 años pero salió de la cárcel por motivos humanitarios en 2009. Acaba de morir (18 de diciembre de 2013) a los 84 años sin el menor atisbo de arrepentimiento. Como él mismo dijo, era la única manera de encontrar cierta relevancia en la historia.




Cuando en 1974 el Daily Express descubrió el paradero de Biggs en Brasil se montó un escándalo monumental por el hecho de que, pese a todo, se trataba de un fugitivo intocable. Fue el momento de mayor gloria para Biggs que, además, alardeó de ello burlándose del sistema judicial británico siempre que tuvo ocasión. Y una de estas ocasiones se la brindó en bandeja el manager Malcom McLaren, que había hecho de la provocación y de la irreverencia marca de la casa Sex Pistols. Una marca que estaba dispuesto a explotar todo lo posible, pese al pequeño detalle de que los propios Sex Pistols ya ni siquiera existieran. La banda de rock más subversiva y manipulada de la historia ya se había disuelto cuando el mayor ladrón de todos los tiempos se convirtió en su cantante ocasional.

Los Sex Pistols llevaban tanto tiempo inmersos en el caótico rodaje de su película (finalmente sería ‘The Great Rock'n'Roll Swindle’. ‘La gran estafa del rock’n’roll’) que ni siquiera estaba terminada cuando el grupo se separó en enero de 1978. McLaren mantuvo los planes de incluir el cameo del atracador Biggs en el film y viajó a Río de Janeiro en junio con los dos únicos miembros de Sex Pistols dispuestos a seguir, el guitarrista Steve Jones y el batería Paul Cook. Llegaron a Brasil en ese mismo mes y la ausencia de Johnny Rotten en el micrófono fue suplida por el propio Biggs. Entre enero y marzo, rodaron las escenas que acabaron incluyéndose en la película y grabaron dos canciones para la banda sonora. Una de ellas fue ‘No one is inocent’ (‘Nadie es inocente’), toda una declaración de principios, en cuyos créditos figuran Biggs y Jones. El otro corte fue una nueva versión de uno de los pocos temas de Sex Pistols firmados por Sid Vicious, ‘Belsen was a gas’, una polémica canción que el grupo sólo cantaba en directo y que aludía al tema tabú de los campos de concentración nazis.





Ronnie Biggs es el único caso conocido, sin duda el más destacado, de doble ‘militancia’ en dos bandas: una de ladrones y otra de rock. El Dioni no cuenta. Hablamos de bandas, no de solistas.

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