viernes, 29 de noviembre de 2013

Todo empezó en el garaje

Qué sería del mundo actual sin los garajes. Sí, ese espacio generalmente adosado a las casas en el que lo mismo cabe un coche que se arrumban los trastos. Los americanos, expertos en sacar oro hasta de debajo de las piedras, los han elevado a la categoría de Patrimonio de la Humanidad. Claro que no todos pueden presumir de garajes como los de Steve Jobs y Bill Gates. Pero los fundadores de Apple y Microsoft no fueron los primeros que encontraron en este reducto marginal el lugar en que hacer realidad unos sueños que iban a cambiar el mundo. Diez años antes, los garajes de todas las zonas residenciales de Norteamérica se habían llenado de música. 


Cartel de garage rock con la imagen de los Sonics
La denominada música de garaje (garage, en inglés), al margen de sus sucesivas revisiones, engloba la sorprendente e inaudita eclosión de bandas que a mediados de los 60 surgió en EEUU. Miles de jóvenes contagiados de una nueva enfermedad llamada rock´n’roll convirtieron las trastiendas de sus propias casas en locales de ensayo. Curiosamente, el rock de garaje es la ‘respuesta’ americana a la explosión que supusieron los Beatles y el resto de grupos británicos que aprovecharon la estela del monumental éxito comercial de éstos para crear en torno a la música un negocio de proporciones hasta entonces desconocidas. Una respuesta, en cualquier caso, espontánea y sin consciencia de sí misma, cuyo verdadero alcance sólo pudo calibrarse una vez desparecida. Como ocurre en el universo, el brillo de aquellas estrellas sólo fue reconocido cuando ya habían muerto. Una generación espontánea, sí, pero también primitiva, ya que la ausencia de pericia musical se suplía con pura energía que devolvía al rock a los fundamentos de sus orígenes. Al fin y al cabo, se trataba de un viaje de vuelta que se había iniciado en los campos de algodón americanos y que, de nuevo, volvería a rebotar en el frontón del otro lado del Atlántico a mediados de los 70 con el punk. No en vano, la primera vez que se aplicó el calificativo de punk (malo) a la música fue para los grupos del garaje americano de los años 60 por su bisoñez amateur. Pero, como suele ocurrir, ello le dio una frescura inaudita que anticipó en una década la actitud de que cualquiera podía montar una banda que grupos como los Ramones convertirían después en seña de identidad. Espontáneos, primitivos y fugaces. Estrictamente, el periodo que comprende este movimiento va desde 1963 a 1968. En esos cinco años, sólo unos pocos, como Shadows of Knight, The Count Five, The Seeds, The Leaves o The Standells, obtuvieron algo de éxito comercial. La inmensa mayoría sólo grabaron singles aislados, con tiradas muy escasas y una distribución mínima circunscrita a su área geográfica más cercana.






Su repentina desaparición también da señas de su carácter. A partir de 1968 se da por finiquitado el movimiento original del garaje rock por tres motivos fundamentales. El primero, el puro paso del tiempo y el hecho de que los componentes de los grupos, que no se planteaban la música como una dedicación profesional, ‘asentaban la cabeza’ y ya sólo abrían los garajes para meter el coche. El segundo, el surgimiento de otras tendencias, como la psicodelia o el rock progresivo, que exigían un virtuosismo ajeno al garaje. Y tercero, el reclutamiento militar obligatorio, en plena guerra de Vietnam, que acabó con muchas bandas. 


Portada del recopilatorio 'Nuggets', de 1972.
Quizá el rock de garaje hubiera quedado para siempre entre los trastos viejos si en 1972 no se hubiera editado ‘Nuggets, un recopilatorio de dos discos que recogía el trabajo de más de una veintena de grupos entre los años 1965 y 1968. Sus artífices fueron Jac Holzman, fundador de Elektra Records, y Lenny Kaye, que luego sería guitarrista de Patti Smith. Apenas tuvo repercusión tras su lanzamiento, pero dos años después se convirtió en el álbum de cabecera de la nueva explosión musical encarnada en el punk. En ‘Nuggets’, grupos como The Electric Prunes, The Chocolates Watchband, The Sonics o The 13th Floor Elevators mostraron con la crudeza de sus propuestas el camino de los nuevos profetas que abogaban por la vuelta del rock a sus orígenes.






A partir de entonces, no han ido faltando motivos de reivindicación de aquel sonido que se ha extendido fuera de su marco geográfico inicial a todos los puntos del orbe. Algunos grupos, como es el caso de los Sonics, que grabaron dos discos fundamentales entre 1965 y 1966 (‘Here Are the Sonics’ y ‘Boom’), han podido incluso disfrutar de sucesivas giras de reunificación en las que han cosechado un reconocimiento del que no gozaron en su momento. A veces, se hace un poco de justicia. Bandas que han llegado a alcanzar fama mundial como The Strokes o White Stripes iniciaron sus carreras dentro de la escena del revival garajero de turno.



Otro gran difusor de la música de garaje ha sido Steven van Zandt, guitarrista de Bruce Springsteen (y uno de los protagonistas de la mítica serie Los Soprano, en la que interpretaba e Silvio Dante). Se convirtió en portavoz y defensor del rock de garaje promoviendo conciertos y festivales por todo Estados Unidos. En el año 2002 creó un programa de radio llamado Little Steven's Underground Garage y el canal Underground Garage en la red de radio por satélite Sirius Satellite Radio. Para Van Zandt tres son los hitos de la historia del rock: "Los grupos que han inspirado a Los Ramones, los Ramones y los inspirados por Los Ramones”. Una interpretación demasiado básica, pero tremendamente certera.

Y pensar que todo empezó en un garaje...

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