Lou Reed acaba de morir. Los homenajes y reconocimientos se suceden. No es para menos. El fundador de Velvet Underground es uno de los músicos más influyentes de los últimos 50 años. Pero, como todo lo que entra a formar parte del sistema, ha tenido que pagar un precio. El más habitual es el de contradecirse. Nos pasa a todos. Lou Reed, pese ser un mito viviente, no iba a ser una excepción. Pero, como ocurre con su música, hasta sus contradicciones nos conmueven. Es la principal diferencia entre los genios y el resto de los mortales. La otra opción era el silencio. La peor para cualquier artista. Mortal para un músico.

-Ha muerto Lou Reed.
-¿Quién?
- Lou Reed. El de la canción del anuncio de dentífrico.
Esta conversación se repetirá infinidad de veces estos días. Lou Reed era casi un completo desconocido en los EEUU y fue en Europa donde cimentó un prestigio indiscutible. Las versiones digitales de los principales medios españoles abrían con la noticia de su muerte mientras The New York Times, el periódico de la ciudad a la que Reed dedicó buena parte de su obra y de su vida, apenas lo resaltaba en un espacio secundario. Una gota más a añadir a ese sambenito de malditismo que nos gusta tanto colgar a nuestros ídolos más queridos. Malditismo y transgresión, las dos palabras clave para entrar en el cielo de los mitos. Sin embargo, sólo una de sus canciones, la maravillosa 'Walk on the wild side', alcanzó la celebridad merecida. Un paseo por las drogas, la transexualidad, la prostitución masculina y el sexo oral. ¿Gracias a qué triunfó? Gracias a un anuncio de pasta de dientes. "Tu, turú, turú, tuturutú, turú, turú, tuturutú...". No se me ocurre una cosa más maldita y transgresora que la salud bucodental.
No fue el único spot publicitario que utilizó este tema. Honda también lo usó para su Scooter, con la participación del propio Reed.
-Ha muerto Lou Reed. -¿Quién? - Lou Reed. El que se chutaba en los conciertos. Esta es otra de las razones por las que Lou Reed se convirtió en en una estrella en los descerebrados 70 y 80. Era puro teatro. Pero sí es cierto que uno de sus temas más conocidos, 'Heroin', es el panegírico de un yonki a una droga que acabó escribiendo el obituario de miles de jóvenes. El "padre de todos los vicios", como se le llegó a llamar, el trovador de todos los excesos, cambió radicalmente en los 90. España era entonces un país en el que aún se fumaba hasta en la consulta del médico, pero en el concierto que Reed ofreció en el Palacio de Congresos de Madrid, en 1992, se prohibió fumar por expreso deseo del artista. Quizá gracias a ello, hemos podido disfrutar de él hasta ahora. Calculen si compensa.
-Ha muerto Lou Reed. -¿Quién? - Lou Reed. El que revolucionó la escena musical en 1975 con su disco 'Metal Machine Music'. Lou Reed grabó este trabajo en 24 horas con guitarras desafinadas y material técnico de desecho. Es una sucesión de ruidos, acoples y distorsiones insoportable hasta para los más forofos. Dice la mitología generada al respecto que fue una venganza contra la discográfica RCA, que le exigía por contrato un nuevo LP. Lou Reed lo ha negado siempre. Lo cierto es que RCA sólo editó 1.500 copias y muchas de ellas fueron devueltas por creerlas defectuosas. Hoy día, valen una fortuna y 'Metal Machine Music' es la principal influencia del movimiento noise, que tuvo su máxima expresión en bandas como Sonic Youth.
Lou Reed es, en definitiva, uno de los músicos más grandes de la historia pero, como él mismo reconocía, nunca supo leer música. ¿Otra contradicción?
James Newell Osterberg no es un tipo cualquiera. Empezando por su nombre, por el que casi nadie lo conoce. Su pseudónimo es otra cosa. Es la combinación de dos palabras que resultarían ridículas si no nos hubiéramos acostumbrado tanto a ellas. Le ha costado lo suyo. Ha estado a punto de perder la vida en múltiples ocasiones. Pero, al final, James Newell Osterberg ha acabado siendo suplantado por su personaje: Iggy Pop. Sí, un nombre estúpido tras el que se esconde uno de los artistas más influyentes de la música popular de nuestro tiempo. La Iguana. Basta con verle desnudo, cosa no muy difícil en cualquiera de sus conciertos, para comprender el apodo que, incluso hoy a sus 66 años, le sigue haciendo justicia.

Iggy Pop y sus Stooges son padres de varias cosas. Del punk, sin ir más lejos. Ellos mantuvieron intacta la esencia del rock como fuente de energía para que los jóvenes nihilista que recibían la llamada de Londres la recuperaran a mediados de los 70. Basta escuchar 'Search and Destroy', primer tema de su tercer álbum, Raw Power, para acreditarlo.
Pero cuatro años antes, en 1969, cuando las flores aún dominaban la escena musical, ya habían editado un primer disco, titulado 'The Stooges', que incluía varias bofetadas como 'I wanna be your dog' o 'No fun'. Si añadimos el LP 'Fun house' (1970) tendremos los tres trabajos que realizó la banda antes de desaparecer como una estrella cuyo destello sólo nos llega después de muerta. Tres obras fundamentales para el desarrollo posterior de la música rock.A la disolución del grupo, Iggy Pop inició una irregular carrera en solitario con escarceos que pretendían huir del primitivismo salvaje de los orígenes, Pero Ostemberg ya había sido poseído por completo. Era imposible desprenderse de Iggy. Todos querían ver al personaje que en el escenario se transformaba en una bestia autodestructiva y en un mesías que camina sobre las aguas de un público enfervorecido.

A lo largo de 18 discos, el último de 2012, hay de todo, pero tampoco era para responder como lo hizo el cantante de Joy Division, Ian Curtis, que se suicidó en su casa de Manchester después de haber escuchado su primer trabajo en solitario, 'The Idiot' (también había visto la película Stroszek, de Werner Herzog). 'American Caesar' (1993) supuso un hito para su recuperación del olvido en plena efervescencia del grunge, que tanto le debía. Otro, por lo inaudito en su obra, es 'Preliminaires' (2009), donde canta en francés al estilo de Yves Montand. Algo a lo que parece haber cogido gusto ya que repite en su último trabajo ('Après'), en el que se atreve con Edith Piaf y hasta con Frank Sinatra.
Al final, el grunge, el punk y todos los movimientos que contribuyó a crear han muerto y, contra todo pronóstico, Iggy Pop sigue vivo. Quizá el secreto está en no ser el perro de nadie, pese a haber pregonado que quería serlo de todos.