viernes, 10 de enero de 2014

El genio silenciado

Martin Hannett fue un genio, un genio silenciado. Teniendo en cuenta que su materia prima era el sonido, no deja de ser una terrible paradoja. O no. Una de sus principales obsesiones fue precisamente el silencio, que se dedicó a grabar con devoción. El silencio, la nada. Cero.


Martin Hannett en su mesa de mezclas.

Martin Zero, fue precisamente el pseudónimo con el que firmó algunas de sus obras. Su carácter hosco y difícil no impidió que en un momento de su vida todos quisieran trabajar con él. Murió a los 42 años a causa de sus excesos con el alcohol y las drogas. Pesaba 165 kilos y no cabía en la tumba. “Martín Hannett: productor discográfico y creador del Sonido Manchester”, dice desde 1991 su lápida.

Martín Hannett hizo la carrera de Química. Ciertamente tenía vocación de alquimista pero no para mezclar los elementos de la tabla periódica. Lo suyo era el sonido y eso, en los años 70 del pasado siglo, llevaba irremediablemente a la música. Las primeras oportunidades para entrar en ese mundo le llegaron a través de la sonorización de conciertos y de encargos para espectáculos de teatro alternativo.



Ya lo hizo magistralmente Michael Winterbottom en su película ‘24 hour party people’ , pero lo musicalmente correcto lleva en este momento a recordar una fecha : el 4 de junio de 1976. Fue la primera vez que los Sex Pistols actuaron en Manchester ante un público de 42 personas. Sí, sólo 42 personas que recibieron la única lección que dio el punk al mundo: cualquiera puede hacerlo. Entre aquellas 42 personas estaba Martin Hannett y todos los que contribuyeron poco después a que Manchester se convirtiera en la capital mundial de la música. Desde finales de los 70 y durante buena parte de los 80, todo lo que salía de esta ciudad, aunque fuera plomo, se convertía en oro. La piedra filosofal. Al alquimista ya lo conocemos. Nos falta el rey Midas. Aquel 6 de junio también asistió al concierto de los Pistols.

Tony Wilson era un periodista de Granada TV célebre por sus reportajes disparatados y por un programa musical sin complejos, ‘So it goes’, que alardeaba de presentar a los mejores grupos del mundo desde un canal de televisión regional. Esta relación le llevó a crear, primero, un club de música en vivo, The Factory, y después el sello discográfico Factory Records, del que salieron algunos de los trabajos más célebres de este periodo. Ya tenemos al rey Midas (aunque la compañía acabó quebrando y siendo absorbida por London Records). Wilson emprendió su aventura junto a Alan Erasmus, el diseñador Peter Saville y Rob Gretton, manager de grupos punk de Manchester, entre ellos unos que acabaron llamándose Joy Division. La empresa no podía estar completa sin un productor que se encargara de dar forma musical a aquella amalgama.





Tras su trabajo con Buzzcocks, la banda punk más importante de Manchester, Martin Hannett se encontraba en el lugar y momento apropiados y pasó a dirigir la producción de Factory Records. Desde ahí daría el impulso definitivo al post-punk y a la new wave. Por su manos pasaron grupos como los citados Joy Division y posteriormente New Order, Durutti Colum, los primeros Orchestral Manoeuvres in the Dark o Happy Mondays. Bandas míticas de la escena post-punk como Magazine, A Certain Ratio, Section 25, Minny Pops, The Names o The Only Ones también cuentan con trabajos firmados por él en Factory Records. U2, Psychedelic Furs o Stone Roses también contaron con él a través de otros sellos y hasta Dead Kennedys incluyó en una de sus canciones la broma de un "fuck off” y falso tema producido por Martin Hannett. Era la forma irónica de evidenciar que en 1981 no eras nadie en el mundo de la música de culto si no te había producido Martin Hannet






El idilio con Factory Records duró poco. El carácter difícil de Hannett y su adicción a las drogas no ayudó. El productor emprendió una disputa legal con la discográfica tras un desacuerdo con Wilson por destinar una importante inversión al club Haçienda, que empezaba a convertirse en la basílica de San Pedro de la música dance. Hannett quería destinar el dinero a comprar material de sonido. Después de hacer las paces, Hannett volvería a trabajar para The Factory pero contratado y fuera de su estructura. Es el caso del LP de Happy Mondays, Bummed (1988). Antes, había estado cinco años sin actividad por culpa de la heroína.





Hannett también fue músico. Bajista, lo cual explicará una de sus peculiaridades como productor. Se da la curiosidad de que tocaba sentado en una silla en las actuaciones en que participó como miembro de la banda que acompañaba a John Cooper Clarke en sus recitales poéticos. “Era incapaz de tocar el bajo y estar de pie al mismo tiempo”, reconoció en una entrevista a una revista holandesa. El grupo se llamaba ‘The Invisible Girls’ y también prestó sus servicios a Pauline Murray y a la ex Velvet Underground Nico. Asimismo, firmó tres composiciones propias. Dos como cortes extra en el primer disco de Durutti Colum: ‘First aspect of the same thing’ y ‘Second aspect of the same thing’. La tercera, titulada ‘The music room’, apareció en el recopilatorio ‘From brussels with love’.





Pero los trabajos que marcaron un hito en su carrera y le colocaron para siempre en la historia de la música fueron los dos únicos discos de estudio de Joy Division: ‘Unknow Pleasure’ (1979) y ‘Closer’ (1980). A ellos se suman un puñado de canciones sueltas que fueron viendo la luz en sencillos y recopilatorios. Todo lo que rodea a Joy Division está empapado de una belleza hipnótica y perturbadora que 35 años después permanece intacta. Su poder de fascinación se acrecentó con el suicidio de su cantante, Ian Curtis, justo cuando iba a comenzar a recoger los frutos del éxito. Pero su estela musical va mucho más allá de la mitología necrófila tan propia del mundo del rock. Hay muy pocos grupos que se convierten en molde.





Todos los testimonios apuntan a que Hannett fue una de las personas a las que más afectó la muerte de Curtis. Algunos señalan que nunca llegó a superarlo. No es difícil aventurar, a través del legado musical que nos han dejado, el vínculo que ambos pudieron llegar a establecer.

Hasta que Hannett entró en sus vidas, Joy Division era un grupo punk más de los muchos surgidos en aquellos años. Así lo demuestran las canciones que habían grabado bajo el nombre de Varsaw y que después se editaron al amparo del culto, como salidas bajo las piedras. Escuchar la canción ‘Novelty` de la etapa previa y la producida por Hannett es como descubrir la perspectiva en la pintura, pasar del plano al relieve, de la segunda a la tercera dimensión. Dotó a Joy División de una profundidad que sin él jamás hubieran tenido.






El propio Hannett reconoció que cuando grabó con ellos ‘Digital’ en 1978 se sintió en el cielo. Tony Wilson señaló que, tras 10.000 años en los que la música estaba compuesta por ritmo y melodía, había llegado un genio y los había fundido. Ese genio era Martin Hannett y eso se hace absolutamente patente en las canciones de Joy Division en las que el bajo, hasta entonces sólo elemento de acompañamiento rítmico, sube de tono y pasa a marcar la melodía. ¿Deformación profesional de bajista? Una vez le preguntaron a Hannett cuál era su marca de la casa y dijo tan ancho que “un cierto desorden en la gama de agudos”. En otra ocasión, apuntó que el trabajo más duro era colocar la secuencia del bajo en el lugar apropiado.

Hannet amaba la música de Joy Division porque dejaba muchos espacios que él podía llenar con pregrabados sintéticos, reverberaciones, percusiones elásticas y toda una serie de efectos de sonido impensables en un grupo de punk cuyo vocalista, además, había experimentado una mutación y cantaba como un monje gregoriano en la profundidad de su celda. El resultado fue algo que jamás se había escuchado antes. Una atmósfera llena de matices, fría, distante y oscura. De esas que ponen en evidencia la mano de un productor que ha dado varios pasos más allá de su mera implicación profesional en un trabajo.

Todos los miembros del grupo, salvo Ian Curtis, que desde 1980 tampoco está aquí para acreditarlo, renegaron en principio de ese sonido ya que poco tenía que ver con las canciones crudas que ellos habían ejecutado en el estudio de grabación. Así lo han reconocido Bernard Sumner (guitarra), Peter Hook (bajo) y Stephen Morris (batería): “Nos molestó, pero a Rob (Gretton, manager del grupo) le encantó, a Wilson le encantó, a la prensa le encantó, y al público le encantó. Estábamos solos, los pobres y estúpidos músicos que lo escribieron”.

Joy Division y Hannett crearon un molde que muchos otros pretendieron imitar, en algún caso con la anuencia del propio Hannett. El hecho de que ninguna de las dos partes haya logrado superar aquella cota por separado demuestra que la confluencia de ambas es un milagro que sólo se da una vez en la historia. Se les vio el alma.

Hannett hizo muchas cosas más (27 discos y otros tantos singles para 50 grupos y solistas), pero ninguna como los dos discos de Joy División. A la muerte de Curtis, Joy División cambiaron su nombre por New Order, conocieron el éxito y editaron el single más vendido de la historia ‘Blue Monday’, un clásico de la música electrónica lleno de efectos y sintetizadores que produjeron ellos mismos. Martín Hannett ya estaba entonces intratable.


La mejor manera de comprender la compleja personalidad de Hannett, considerado en su día el nuevo Phil Spector de la música, es conocer alguna de sus anécdotas. Al igual que al afamado productor americano, se le atribuyen episodios violentos a punta de pistola con Tony Wilson como supuesto blanco. El documental ‘Play at home’, editado en 1984, fue un proyecto en el que los componentes de New Orden entrevistaban a los responsables de Factory Records. Martín Hannet, al que apodan el Doctor Chiflado, aparece con un revolver con el que ‘dispara’ a su entrevistador, el batería Estephen Morris. Morris ya había sido objeto de las excentricidades de Hannett. Lo tuvo horas tocando la batería en la azotea del estudio de grabación porque consideró que ese era el único lugar en el que sonaba como buscaba. En cualquier caso, nunca se sabrá si sus anécdotas son mitología o realidad. Como dice el personaje de Tony Wilson en la película ’24 hour party people’, “si para contar algo tienes que elegir entre la verdad y la leyenda, elige la leyenda”.





El perfeccionismo del productor mancuniano era enfermizo. Tardó ocho horas en dar con la nota que quería en el solo de guitarra de la canción ‘Post-war glamour girl’ de John Cooper Clarke. Sentía devoción por Agnetha Fältskog, la rubia de Abba, cuyo poster solía adornar los lugares en los que trabajaba. The Doors, The Byrds o King Crimson eran algunos de sus grupos favoritos. Consideraba Berlín de Lou Reed como uno de los mejores discos de todos los tiempos. Admiraba a los productores que estaban en la cima sin haber hecho nada que lo mereciera. Aseguraba que cuando hacía música se sentía liberado de su capullo. En una entrevista le preguntaron si la razón para fumar tanto hachís era la búsqueda de inspiración. Hannett sólo respondió lo siguiente: “Es bueno para los oídos”.
Como buen artista, detestaba el negocio de la música. Sólo tuvo dos éxitos en las listas de ventas: ‘Jilted John’, canción homónima de su autor e intérprete, en 1978, y ‘Love will tear us apart’, de Joy División, en 1980 (es el epitafio de la tumba de Ian Curtis). Decía no entender cómo el tema ‘Another girl, another planet’, de The Only Ones, no había llegado a número uno. “La gente no quiere bandas de sonido peligroso, quiere bandas de sonido blando como Dire Straits”, explicaba. Reconocía que el rock es una ocupación bastante limitada. “No es algo con lo que puedas llenar tu vida”.



Su primera regla al entrar a un estudio de grabación era que no había reglas. Según sus propias palabras, ‘The correct use of soap’, de Magazine, fue su mejor disco y ‘Closer’, de Joy División, el más “misterioso”. Los hay que en lugar de elegir la leyenda eligen el misterio.





PD: El actor que encarnó a Martin Hannet en ’24 hour party people’, Andy Serkis, se hizo después mundialmente famoso por su participación en todas las entregas de ‘El señor de los anillos’ por interpretar a Gollum. No podía ser otro. “¡Mi tesoro!”

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