domingo, 6 de abril de 2014

Deja de joder la música a los negros (y IV)

¿Por qué lo llaman rock and roll cuando deberían decir blues? Para entender esa usurpación hay que pasar antes por otra enrevesada etiqueta. El término rhythm and blues se atribuye a un periodista musical, Jerry Wexler, que a finales de los 40 comenzó a aplicar este nombre a lo que hasta entonces se denominaba “música racial”, un apelativo despectivo que se asociaba a la música negra y que después de la II Guerra Mundial comenzó a sonar políticamente incorrecto. Jerry Wexler era un neoyorkino del Bronx pero, como se viene repitiendo en toda esta historia, no era negro. Era judío, como judíos eran los hermanos Chess, creadores de Chess Records, la discográfica de Chicago que hizo despegar el blues eléctrico. Wexler, como la mayoría de los jóvenes americanos de su generación, participó en la contienda contra el horror nazi y a la vuelta a los Estados Unidos enfiló su carrera hacia el mundo musical. Llegó a ser socio de Atlantic Records y produjo a artistas negros como Ray Charles, los Drifters o Aretha Franklin.


Alan Freed, en una imagen de los años 50.

El rhythm’n’blues se convirtió en un falso nuevo género. Falso porque era lo mismo que los negros venían desarrollando desde hacía décadas y a lo que ya le habían colocado las pertinentes etiquetas: blues y boogie-woogie, que no era otra cosa que el blues interpretado al piano. Así, sobre la base de los viejos bluesmen, los nuevos talentos negros dieron una vuelta más de tuerca para que la mayor revolución musical de la historia fuera posible. Sólo quedaba llamar rock’n’roll a lo que hasta entonces ya había sido bautizado como rhythm’n’blues, lo que hasta hacía poco había sido “música racial”, lo que siempre había sido música negra. Aquella que empezó rezando a Dios para acabar cantando al diablo.

La expresión rock & roll, que literalmente quiere decir “mecer y rodar” nació del movimiento que experimentan los fieles en los trances religiosos del góspel. La comunión de las almas estaba muy bien pero era mucho mejor la comunión de los cuerpos y pronto el “rocking” se cargó de connotaciones sexuales. Ya era un término ampliamente utilizado en las letras de blues de los años 30 y así lo acreditan temas como ‘Rock and rolling’, de Bob Robinson, o ‘Cherry Red’, de Joe Turner. El salto a los músicos blancos no es exclusivo de los años 50. En 1939, el cantante de country Boody Jones compuso ‘Rocking rolling mama’.






Arthur Crudup, el malogrado maestro de Elvis Presley, hizo ‘Rock me mama’ en 1944. Pero la canción que supuso un hito fue ‘Good rocking tonight’, grabada por el bluesman Roy Brown, en 1947, y que también sería versionada por Elvis siete años después. Pero en el mismo 1947, Wynonie Harris también hizo una versión de ‘Good rocking tonight’, a la que Brown respondió con ‘Rocking at midnight’. Fue tal el éxito de la disputa que los músicos negros del momento quisieron explotar el filón con títulos similares. Antes de 1950 fueron grabadas tres diferentes canciones con el título de ‘Rock’n’roll’ a cargo de Paul Bascomb, Wild Bill Moore y Doles Dickens. En 1949 Erline Harris, grabó el tema ‘Rock and roll blues’, en el que repite constantemente la expresión y que le valió el apodo de Erline ‘Rock and Roll’ Harris. Quedaba aún un lustro para que Bill Halley y sus blancos Comets dieran el campanazo con ‘Rock arround the clock’ o para que Elvis Presley grabara su primer éxito en una calurosa tarde de Memphis.








Pero tuvo que llegar un locutor blanco de radio para convertir el término rock’n’roll en el género musical más influyente de todos los tiempos. Alan Freed también era de ascendencia judía y también participó en la II Guerra Mundial. Es una especie de justicia poética que dos grupos humanos tan maltratados como los negros y los judíos hayan contribuido al desarrollo de uno de los fenómenos más destacados de la cultura popular contemporánea.

Alan Freed emitía la música negra que amaba en su programa de la WJW de Cleveland. A instancia de sus patrocinadores, cambió el nombre del rhythm and blues, que aún mantenía la connotación de la lucha racial, por el de rock and roll, para hacerlo más accesible a los blancos, que por entonces aún huían mayoritariamente de aquel sonido. Su éxito fue fulgurante y comenzó a promover actuaciones en directo con los artistas que programaba, lo que le acabó llevando al cine, a la televisión y a convertirse en uno de los primeros promotores de un nuevo fenómeno de masas de dimensión planetaria. Sus espectáculos con público interracial evidenciaron que la música podía ser uno de los mejores arietes para derribar el muro de la segregación que durante muchos años seguiría avergonzando a la sociedad norteamericana. El rock conseguía abrir una brecha y los nietos del viejo blues extendían sus tentáculos hacia públicos y territorios inimaginables. Sin rendir, eso sí, tributo suficiente a quienes habían sentado las bases.






¿Pero qué se podía esperar de un negocio? Sin negocio, ni el rock, ni el blues, ni nada serían lo que son. Pero la historia muestra una vez más su tremenda ironía. Alan Freed, el padre, nada menos que del concepto rock & roll, acabó muriendo arruinado, precisamente, por un uso perverso del negocio. Su brillante hijo no había alcanzado ni la adolescencia. A principios de los 60 su carrera quedó destruida por su implicación en el denominado ‘escándalo payola’. Los cimientos de la industria discográfica se removieron entonces tras descubrirse el pago de sobornos para promocionar a ciertos artistas en las emisoras de radio. Freed tuvo que comparecer ante el Congreso de los Estados Unidos y reconoció haber recibido pagos para pichar a unos músicos en detrimento de otros en sus influyentes programas de radio. Uno de los procedimientos era recibir los derechos de autor de las canciones, lo cual explicaba que el famoso disc-jockey figurara como coautor de múltiples temas sin haber escrito jamás una nota. ‘Maybellene’, de Chuck Berry, es el caso más célebre. Alan Freed no volvió a trabajar nunca más y murió de cirrosis, en 1965, a los 44 años.

El único arte puro fue el rupestre. Pero qué diablos, como dicen los Rolling, es solo rock & roll, o mejor, es sólo rock $ roll, pero me gusta.


No hay comentarios:

Publicar un comentario