Decía Picasso que, después de Altamira, todo es decadencia. Si Picasso se hubiera dedicado a la música habría dicho lo mismo del blues. Los primeros bluesmen conocidos eran hijos de esclavos negros. Ellos mismos padecieron el duro trabajo del campo. Cuenta B.B. King que antes de ser músico ya había dado la vuelta al mundo, pero arando detrás de una mula. Hay pocos géneros musicales más próximo a sus orígenes. Por eso el blues es tan auténtico. Por eso y porque en muchos de sus intérpretes se repite el denominador común de la desgracia. Robert Johnson cantaba que la melancolía caía sobre él “como el pedrisco” y John Lee Hooker que estaría condenado a la tristeza hasta el día de su muerte. Blues y fatalidad están tan unidos como la uña y la mugre, que decía Bolaño.
| McKinley Morganfield, más conocido como Muddy Waters. |
Robert Johnson (1911-1938) es el primer mito del blues. Cuenta su leyenda que era un guitarrista mediocre hasta que vendió su alma al diablo en un cruce de caminos. Grabó 29 canciones que han servido de base para el desarrollo posterior de la música popular y sólo dejó dos fotografías. Murió a los 27 años envenenado por un marido celoso. Es la versión más canalla sobre el fin del bluesman más grande de todos los tiempos. Las otras dos son que murió de sífilis o de neumonía. En cualquier caso, se ganó la vida como músico ambulante y está enterrado en una tumba anónima. Como Cervantes y Velázquez. Debe ser cosa de genios, pero no sólo españoles.
Si Johnson es la leyenda, Leadbelly (1888-1949) es el pendenciero. A los 20 años ya tenía, al menos, dos hijos y se vanagloriaba de acostarse con 10 mujeres cada noche. Pasó media vida en prisión. Su carrera carcelaria incluye una condena por asesinato consumado y otra por intento, además de varias fugas. Pero sin la cárcel, posiblemente, no se hubiera dedicado al blues. Aprovechó sus conocimientos musicales para ganar beneficios penitenciarios tocando para los guardas. Dicen de él que fue el primer negro que actuó para blancos. Tampoco es ajeno a la leyenda y se le atribuye su primer indulto después de cantar ‘Please pardon me’ para el gobernador de Texas Pat Neff. Grabó más de 300 canciones y era un maestro de la guitarra de 12 cuerdas. Oyendo sus composiciones se identifica el riff con el que el rock´n’roll se adueñó del mundo.
Durante su estancia en la cárcel conoció al musicólogo (blanco) Alan Lomax, el gran descubridor del blues gracias a las grabaciones para la Biblioteca del Congreso que inició junto a su padre por los penales y los campos de la América profunda.
Por el estudio de grabación ambulante de Lomax también pasó en los años 40 un joven aparcero negro del delta del Mississippi llamado McKinley Morganfield. Resulta que tocar la guitarra y cantar, eso que él hacía para maldecir su suerte, interesaba más allá del porche de su barraca. Como muchos otros en aquellos años, emigró a Chicago, donde el bullicio de la gran ciudad no dejaba oír las guitarras acústicas. No fue el primero en utilizar la guitarra eléctrica para el blues. Ese honor se lo han ganado T. Bone Walker y Big Bill Broonzy, que dieron el salto a finales de los años 30, pero su poderoso estilo consiguió cambiar para siempre la faz del blues y de la música popular. Sólo le quedaba cambiarse el nombre por el de Muddy Waters. Eso y que los blancos descubrieran el gran filón que se abría ante sus ojos.
Los hermanos Leonard y Phil Chess habían nacido en una comunidad judía de Polonia pero se trasladaron de niños a Chicago junto a sus padres. Cuando fundaron Chess Records en 1950 no podían sospechar que se convertiría en una de las compañías discográficas fundamentales de la historia de la música popular moderna. Aquella desde la que se dio forma al blues eléctrico y a sus hijos reconocidos y bastardos. Basta echar un vistazo a los artistas de su nómina: el referido Muddy Waters, Chuck Berry, Bo Diddley, Howling Wolfe, Etta James… El primer sencillo que Waters grabó para los hermnanos Chess se tituló 'Rolling Stone'. Gracias a ello, unos jovenzuelos melenudos de Londres encontraron un nombre para su grupo; Bob Dylan, un título para uno de sus himnos y la prensa musical, una de sus cabeceras míticas. Aunque es imposible atribuir a una sola persona la paternidad del rock’n’roll, Chuck Berry, otro insigne exconvicto, es el que más se aproxima a ella. El exboxeador Bo Didley no se queda atrás. Ambos se desesperaban viendo como los blancos copiaban su estilo y se hacían de oro. Howling Wolf, al que el dios Eric Clapton rindió tributo, aprendió a tocar la guitarra con Charlie Patton, un pionero que murió en 1934 y que ya tocaba con los dientes dos décadas antes de que naciera Jimi Hendrix. Etta James fue la madre espiritual de Janis Joplin pero, a diferencia de ésta, supo domar su adicción al caballo. Murió en 2012 de leucemia. Tenía 73 años y casi nadie se acordaba de ella.
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